LECTURA 5a.

Capítulo 3  

LA PERCEPCIÓN INOCENTE 

I. Expiación sin sacrificio 

 Hay otro punto que debe quedar perfectamente claro antes de que pueda desaparecer cualquier  residuo de temor que aún esté asociado con los milagros. La crucifixión no estableció la Expiación;  fue la resurrección la que lo hizo. Son muchos los cristianos sinceros que no han entendido esto  correctamente. Nadie que esté libre de la creencia en la escasez podría cometer tal equivocación.  Si se examina la crucifixión desde un punto de vista invertido, parece como si Dios hubiese  permitido, e incluso fomentado, el que uno de Sus Hijos sufriese por ser bueno. Esta desafortunada interpretación, que surgió como resultado de la proyección, ha llevado a muchas personas a  vivir sumamente atemorizadas de Dios. Tales conceptos anti-religiosos se infiltran en muchas religiones. El auténtico cristiano, sin embargo, debería hacer una pausa y preguntarse: "¿Cómo iba a  ser posible esto? ¿Cómo iba a ser posible que Dios Mismo fuese capaz de albergar el tipo de pensamiento que Sus Propias palabras han señalado claramente que es indigno de Su Hijo?"  La mejor defensa, como de costumbre, consiste en no atacar la posición de otro, sino más bien  en proteger la verdad. No es muestra de gran sensatez aceptar un concepto si para justificarlo  tienes que invertir todo un marco de referencia. Este procedimiento es doloroso en sus  aplicaciones menores, y verdaderamente trágico en una escala mayor. Con frecuencia la  persecución termina siendo un intento de "justificar" la terrible y errónea percepción de que Dios  Mismo persiguió a Su Propio Hijo en nombre de la salvación. Ni siquiera las mismas palabras  tienen sentido. Superar esto ha sido sumamente difícil, pues si bien este error no es más difícil de  corregir que cualquier otro, son muchos los que no han estado dispuestos a abandonarlo en vista  de su eminente valor como defensa. Un ejemplo menos dramático es el del padre que dice: "Esto  me duele a mí más que a ti", y se siente exonerado al darle una paliza a su hijo. ¿Crees que  nuestro Padre piensa realmente así? Es tan esencial eliminar cualquier pensamiento de este tipo  que debemos asegurarnos de que nada semejante permanezca en tu mente. Yo no fui "castigado"  porque tú fueses malo. La lección completamente benévola que la Expiación enseña se echa a  perder si se mancilla con cualquiera de las formas en que esta clase de distorsión se manifiesta.  La afirmación: "Mía es la venganza, dice el Señor" es una percepción falsa mediante la  cual uno le atribuye a Dios su propio pasado "malvado". Ese pasado "malvado" no tiene nada que  ver con Dios. Él no lo creó, ni tampoco lo sustenta. Dios no cree en el castigo. Su Mente no crea  de esa manera. Dios no tiene nada contra ti por razón de tus "malas" acciones. ¿Cómo sería  posible entonces que me hubiese acusado a mí por ellas? Asegúrate de que reconoces cuán  absolutamente imposible es esta suposición, y también de que procede enteramente de la  proyección. Este tipo de error es responsable de una multitud de errores similares, incluyendo la  creencia de que Dios rechazó a Adán y lo expulsó del jardín del Edén. Quizá por eso piensas a  veces que no te estoy guiando bien. He tomado las máximas precauciones para usar palabras que  sean casi imposible de distorsionar, pero siempre es posible tergiversar los símbolos si así se  desea. 

  El sacrificio es una noción que Dios desconoce por completo. Procede únicamente del miedo, y  los que tienen miedo pueden ser crueles. Cualquier forma de sacrificio es una violación de mi  exhortación de que debes ser misericordioso al igual como nuestro Padre en el Cielo lo es. A  muchos cristianos les ha resultado difícil darse cuenta de que esto les atañe a ellos. Los buenos  maestros nunca aterrorizan a sus estudiantes. Aterrorizar es atacar, y como resultado de ello se  produce un rechazo de lo que el maestro ofrece, malográndose así el aprendizaje. 

  Se me ha llamado correctamente "el cordero de Dios que quita los pecados del mundo",  mas quienes representan al cordero manchado de sangre no entienden el significado del símbolo.  Si se entiende correctamente, es un símbolo muy simple que habla de mi inocencia. El león y el  cordero tendidos el uno junto al otro simbolizan que la fuerza y la inocencia no están en conflicto, 

sino que viven naturalmente en paz. "Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a  Dios" es otra forma de decir lo mismo. Una mente pura conoce la verdad y en eso radica su fuerza.  No confunde la destrucción con la inocencia porque asocia la inocencia con la fuerza y no con la  debilidad. 

  La inocencia es incapaz de sacrificar nada porque la mente inocente dispone de todo y  sólo se esfuerza por proteger su plenitud. No puede proyectar. Tan sólo puede honrar a otras mentes porque honrar a otros es el saludo natural de los verdaderamente amados hacia los que  son como ellos. El cordero "quita los pecados del mundo" en el sentido de que el estado de  inocencia, o gracia, es uno en que el significado de la Expiación es perfectamente obvio. La  Expiación carece por completo de ambigüedad. Es perfectamente inequívoca porque existe en la  luz. Únicamente los intentos de ocultarla en las tinieblas han hecho que sea inaccesible para  aquellos que eligen no ver. 

  La Expiación de por sí sólo irradia verdad. Es, por lo tanto, el epítome de la mansedumbre y  derrama únicamente bendiciones. No podría hacer eso si procediese de cualquier otra fuente que  no fuese la perfecta inocencia. La inocencia es sabiduría porque no tiene conciencia del mal; y el  mal no existe. No obstante, es perfectamente consciente de todo lo que es verdad. La  resurrección demostró que nada puede destruir a la verdad. El bien puede resistir cualquier clase  de mal, al igual que la luz disipa cualquier clase de oscuridad. La Expiación es, por lo tanto, la  lección perfecta. Es la demostración concluyente de que todas las demás lecciones que enseñé  son ciertas. Si puedes aceptar esta generalización ahora, no tendrás necesidad de aprender  muchas otras lecciones de menor importancia. Basta con que creas esto para que te liberes de  todos tus errores. 

  La inocencia de Dios es el verdadero estado mental de Su Hijo. En ese estado tu mente conoce a  Dios, pues Dios no es algo simbólico; Dios es un Hecho. Cuando conoces a Su Hijo tal como es, te  das cuenta de que la Expiación, y no el sacrificio, es la única ofrenda apropiada para el altar de  Dios, en el que sólo la perfección tiene cabida. El entendimiento de los inocentes es la verdad. Por  eso es por lo que sus altares son verdaderamente radiantes.  

II. Los milagros y la percepción verdadera 

  He afirmado que los conceptos básicos a los que este curso hace referencia no admiten grados.  Algunos conceptos fundamentales no pueden entenderse en función de sus opuestos. Es  imposible concebir la luz y la oscuridad, o todo y nada, como posibilidades compatibles. Estos  conceptos son o completamente verdaderos o completamente falsos. Es esencial que te des  cuenta de que tu pensamiento seguirá siendo errático hasta que te comprometas firmemente con  la luz o con la oscuridad. No obstante, un compromiso firme con la oscuridad o con la nada, es  imposible. No hay nadie que haya vivido que no haya experimentado alguna luz o alguna cosa.  Nadie es capaz, pues, de negar completamente la verdad, aunque piense que puede. 

  La inocencia no es un atributo parcial. No es real hasta que es total. Los que son  parcialmente inocentes a veces tienden a actuar neciamente. Su inocencia no pasa a ser sabiduría  hasta que no se convierte en un punto de vista de aplicación universal. La percepción verdadera, o  percepción inocente, significa que nunca percibes falsamente y que siempre ves correctamente.  Dicho de una manera más llana, significa que nunca ves lo que no existe y siempre ves lo que sí  existe. 

Cuando no tienes confianza en lo que alguien va a hacer, estás dando testimonio de tu  creencia de que esa persona no está en su mente recta. Difícilmente puede ser ése un marco de  referencia basado en el milagro. Esa falta de confianza produce asimismo el efecto desastroso de  negar el poder del milagro. El milagro percibe todo tal como es. Si lo único que existe es la verdad,  lo único que la mentalidad recta puede ver es perfección. He dicho que sólo lo que Dios crea o lo  que tú creas con la misma Voluntad existe realmente. Eso es, pues, lo único que los inocentes  pueden ver. Los inocentes no adolecen de una percepción distorsionada. Tienes miedo de la  Voluntad de Dios porque has usado tu mente, que Él creó a semejanza de la Suya Propia, para  crear falsamente. La mente sólo puede crear falsamente cuando cree que no es libre. Una mente  "aprisionada" no es libre porque está poseída, o refrenada, por sí misma. Está, por lo tanto,  limitada, y la voluntad no es libre de afirmarse a sí misma. Ser uno es ser de una misma mente o  voluntad. Cuando la Voluntad de la Filiación y la del Padre son una, la perfecta armonía entre ellas  es el Cielo. 

Nada puede prevalecer contra un Hijo de Dios que encomienda su espíritu en las Manos de su  Padre. Al hacer esto, la mente despierta de su sueño y recuerda a su Creador. Toda sensación de  separación desaparece. El Hijo de Dios es parte de la Santísima Trinidad, pero la Trinidad en sí es  una sola entidad. No hay confusión entre Sus Niveles porque éstos son de una sola Mente y de  una sola Voluntad. Este propósito único crea perfecta integración y establece la paz de Dios. Pero  esta visión sólo la pueden percibir los verdaderamente inocentes, quienes al ser puros de corazón,  defienden la verdadera percepción en vez de defenderse de ella. Puesto que entienden la lección  de la Expiación no tienen el deseo de atacar, y, por lo tanto, pueden ver correctamente. Esto es lo  que la Biblia quiere decir con: "Cuando Él aparezca (o sea percibido) seremos como Él, pues lo  veremos tal como Él es.


La manera de corregir las distorsiones es dejando de tener fe en ellas y depositándola  únicamente en lo que es verdad. No puedes hacer que lo que no es verdad lo sea. Si estás  dispuesto a aceptar aquello que es verdad en todo lo que percibes, dejas que sea verdad para ti.  La verdad supera todo error, y aquellos que viven inmersos en el error y en la vacuidad jamás  pueden encontrar consuelo duradero. Cuando percibes correctamente cancelas tus percepciones  falsas y las de los demás simultáneamente. Puesto que los ves tal como son, les ofreces tu  aceptación de su verdad para que ellos puedan aceptarla en sí mismos. Ésta es la curación que el  milagro produce.

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Un Curso de Milagros, con Nicté Flores, editado por luah. 

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