LECTURA 10b.

V. El uso que el ego hace de la culpabilidad 

Tal vez algunos de nuestros conceptos se vuelvan más claros y significativos para ti si  aclaramos el uso que el ego hace de la culpabilidad. El ego tiene un propósito, al igual que el  Espíritu Santo. El propósito del ego es infundir miedo porque sólo los que tienen miedo pueden  ser egoístas. La lógica del ego es tan impecable como la del Espíritu Santo, ya que tu mente  tiene a su disposición los medios para ponerse de parte del Cielo o de la tierra, según elija. Pero  una vez más, recuerda que ambos se encuentran en ti. 

En el Cielo no hay culpabilidad porque el Reino se alcanza por medio de la Expiación, la cual te  libera para que puedas crear. La palabra "crear" es apropiada en este contexto porque una vez  que el Espíritu Santo deshace lo que tú has hecho, se restaura el residuo bendito y, por  consiguiente, éste continúa creando. Lo que es verdaderamente bendito es incapaz de producir  culpabilidad y sólo puede producir dicha. Esto hace que sea invulnerable al ego porque su paz  es inexpugnable. Lo verdaderamente bendito no es susceptible de ser alterado debido a la  plenitud de la que goza. La culpabilidad siempre altera. Todo lo que genera miedo produce  disensión porque obedece las leyes de la división. Si el ego es el símbolo de la separación, es  también el símbolo de la culpabilidad. La culpabilidad es más que simplemente algo ajeno a  Dios. Es el símbolo del ataque contra Dios. Este concepto no tiene ningún sentido, excepto  para el ego, pero no subestimes el poder que el ego le aporta al creer en él. Esta es la creencia  de donde procede toda culpabilidad. 

 El ego es la parte de la mente que cree en la división. ¿Cómo iba a poder una parte de Dios  separarse de Él sin creer que lo está atacando?. Hablamos anteriormente del problema de la  autoridad y dijimos que se basa en el concepto de que es posible usurpar el poder de Dios. El  ego cree que eso es lo que tú hiciste porque cree que tú eres él. Si te identificas con el ego, no  podrás sino percibirte a ti mismo como culpable. Siempre que le hagas caso al ego  experimentarás culpabilidad y temerás ser castigado. El ego es literalmente un pensamiento  atemorizante. Por muy ridícula que sea para una mente sana la idea de atacar a Dios, nunca  olvides que el ego es demente. Representa un sistema de conceptos ilusorios y habla en su  nombre. Hacerle caso a la voz del ego significa que crees que es posible atacar a Dios, y que  has arrancado una parte de Él y te has apoderado de ella. De ahí procede el miedo a las  represalias externas, ya que el sentimiento de culpabilidad es tan intenso que tiene que ser  proyectado. 

Todo lo que aceptas en tu mente se vuelve real para ti. Es tu aceptación lo que le confiere  realidad. El permitirle la entrada al ego en tu mente y entronarlo allí, es lo que lo convierte en tu  realidad. Eso se debe a que la mente es capaz de crear realidad o de fabricar ilusiones. Dije  anteriormente que tienes que aprender a pensar con Dios. Pensar con Él es pensar como Él, lo  cual produce dicha -y no culpabilidad porque es algo natural. La culpabilidad es un signo  inequívoco de que tu pensamiento no es natural. El pensamiento que no es natural va siempre  acompañado de culpabilidad porque es la creencia en el pecado. El ego no percibe el pecado  como una falta de amor, sino como un decidido acto de agresión. Esto es necesario para su  supervivencia porque, tan pronto como consideres que el pecado es una insuficiencia, tratarás  automáticamente de remediar la situación. Y lo lograrás. Para el ego eso es la perdición, pero  tú tienes que aprender a verlo como tu emancipación. 

La mente. que está libre de culpa no puede sufrir. Al estar sana, sana a su vez al cuerpo  porque ella misma ha sanado. Las enfermedades son inconcebibles para la mente sana, ya que  no puede concebir atacar a nada ni a nadie. Dije antes que la enfermedad es una forma de  magia. Quizá sería mejor decir que es una forma de solución mágica. El ego cree que  castigándose a sí mismo mitigará el castigo de Dios. Mas incluso en esto es arrogante. Le  atribuye a Dios la intención de castigar, y luego adopta esa intención como su propia  prerrogativa. El ego trata de usurpar todas las funciones de Dios tal como las percibe porque  reconoce que sólo se puede confiar, en una lealtad absoluta. 

El ego no puede oponerse a las leyes de Dios de la misma manera en que tú tampoco puedes  hacerlo, pero puede interpretarlas de acuerdo con lo que desea, al igual que tú. Por eso es  preciso que contestes la pregunta: "¿Qué es lo que quiero?" La contestas cada minuto y cada  segundo, y cada decisión que tomas es un juicio que no puede por menos que tener  consecuencias. Y éstas continuarán repitiéndose automáticamente hasta que tomes otra  decisión. Recuerda, no obstante, que .las alternativas en sí son inalterables. El Espíritu Santo, al igual que el ego, es una elección que uno hace. Ambos constituyen las únicas alternativas que  la mente puede aceptar y obedecer. El Espíritu Santo y el ego son las únicas opciones que  tienes. Dios creó Una de ellas, y, por lo tanto, no puedes deshacerla. La otra la inventaste tú, y,  por lo tanto, sí puedes. Sólo lo que Dios crea es irreversible e inmutable. Lo que tú has  fabricado siempre se puede cambiar porque cuando no piensas como Dios, en realidad no estás  pensando en absoluto. Las ideas ilusorias no son pensamientos reales, si bien puedes creer en  ellas. Pero eso es un error. La función del pensamiento procede de Dios y reside en Dios.  Puesto que formas parte de Su Pensamiento, no puedes pensar separado de El. 

El pensamiento irracional es pensamiento desordenado. Dios Mismo pone orden en tu  pensamiento porque tu pensamiento fue creado por Él. Los sentimientos de culpabilidad son  siempre señal de que desconoces esto. Muestran asimismo que crees que puedes pensar  separado de Dios, y que deseas hacerlo. Todo pensamiento desordenado va acompañado de  culpabilidad desde su concepción, y mantiene su continuidad gracias a ella. La culpabilidad es  ineludible para aquellos que creen que son ellos los que ordenan sus propios pensamientos, y  que, por lo tanto, tienen que obedecer sus dictados. Eso les hace sentirse responsables de sus  errores sin darse cuenta de que, al aceptar esta responsabilidad, están reaccionando de manera  irresponsable. Si la única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para  sí mismo, y te aseguro yo que así es, la responsabilidad. por lo que debe ser expiado no puede  entonces recaer sobre ti. Este dilema no puede ser resuelto, excepto aceptando la solución del  des-hacimiento. Tú serias responsable de los efectos de tu manera equivocada de pensar si  ésta no se pudiera deshacer. El propósito de la Expiación es conservar del pasado únicamente  aquello que ha sido purificado: Si aceptas el remedio para el pensamiento desordenado,  remedio cuya eficacia es indudable, ¿cómo iban a seguir estando presente sus síntomas? 

La continua decisión de permanecer separado es la única razón posible de que siga habiendo  sentimientos de culpabilidad. Hemos dicho esto antes, pero no subrayamos los resultados des tructivos de tal decisión. Cualquier decisión de la mente afecta tanto al comportamiento como a  la experiencia. Lo que tú deseas, esperas que tenga lugar. Esto no es algo ilusorio. Tu mente  ciertamente forja tu futuro, y se lo devolverá a la creación plena en cualquier momento si  primero acepta la Expiación. Retornará asimismo a la creación plena en el instante en que haya  hecho eso. Al haber renunciado a su pensamiento desordenado, la correcta ordenación del  pensamiento se hace evidente. 

_______________________________________________________________________________ Un Curso de Milagros, con Nicté Flores, pdf editado por luah.