A. Principios especiales de los obradores de milagros
El milagro elimina la necesidad de tener preocupaciones de rango inferior. Puesto que es un intervalo de tiempo que está fuera de las coordenadas temporales en las que normalmente operamos, las consideraciones normales con respecto al tiempo y al espacio no le afectan. Cuando obres un milagro yo haré los arreglos necesarios para que el tiempo y el espacio se ajusten a él. Es esencial hacer una clara distinción entre lo que se crea y lo que se fabrica. Toda forma de curación se basa en esta corrección fundamental de percepción de niveles.
Nunca confundas la mentalidad recta con la mentalidad errada. Reaccionar ante cualquier clase de error de cualquier forma que no sea con un deseo de sanar es una expresión de esa confusión. El milagro es siempre la negación de ese error y la afirmación de la verdad. Sólo la mentalidad recta puede corregir de forma que sus efectos sean reales. De hecho, lo que no produce efectos reales en realidad no existe. Sus efectos, por lo tanto, son nulos. Al no tener contenido substancial, se presta a ser proyectado.
El poder del milagro para ajustar niveles genera la percepción correcta que da lugar a la curación. Hasta que eso no ocurra será imposible entender lo que es la curación. El perdón es un gesto vacío a menos que conlleve corrección. Sin ella, lo que hace es básicamente juzgar, en vez de sanar.
El milagro elimina la necesidad de tener preocupaciones de rango inferior. Puesto que es un intervalo de tiempo que está fuera de las coordenadas temporales en las que normalmente operamos, las consideraciones normales con respecto al tiempo y al espacio no le afectan. Cuando obres un milagro yo haré los arreglos necesarios para que el tiempo y el espacio se ajusten a él. Es esencial hacer una clara distinción entre lo que se crea y lo que se fabrica. Toda forma de curación se basa en esta corrección fundamental de percepción de niveles.
Nunca confundas la mentalidad recta con la mentalidad errada. Reaccionar ante cualquier clase de error de cualquier forma que no sea con un deseo de sanar es una expresión de esa confusión. El milagro es siempre la negación de ese error y la afirmación de la verdad. Sólo la mentalidad recta puede corregir de forma que sus efectos sean reales. De hecho, lo que no produce efectos reales en realidad no existe. Sus efectos, por lo tanto, son nulos. Al no tener contenido substancial, se presta a ser proyectado.
El poder del milagro para ajustar niveles genera la percepción correcta que da lugar a la curación. Hasta que eso no ocurra será imposible entender lo que es la curación. El perdón es un gesto vacío a menos que conlleve corrección. Sin ella, lo que hace es básicamente juzgar, en vez de sanar.
El perdón que procede de una orientación milagrosa tan sólo ofrece corrección. No posee elementos de juicio en absoluto. La frase "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" no evalúa en modo alguno lo que las personas en cuestión estén haciendo. Es una petición a Dios para que sane sus mentes. En ella no se hace referencia al resultado del error, pues eso es irrelevante.
El precepto "Sed de un mismo sentir" es la aseveración que exhorta a todos a que estén listos para la revelación. Mi ruego "Haced esto en memoria mía" es una petición a los obradores de milagros para que colaboren conmigo. Estas dos aseveraciones no pertenecen a un mismo orden de realidad. Sólo la última entraña una conciencia de tiempo, ya que recordar es traer el pasado al presente. El tiempo está bajo mi control, pero la eternidad le pertenece a Dios. En el tiempo existimos unos con otros y unos para otros. En la eternidad coexistimos con Dios. Puedes hacer mucho en favor de tu propia curación y la de los demás si en situaciones en las que se requiere tu ayuda piensas de la siguiente manera:
Estoy aquí únicamente para ser útil.Estoy aquí en representación de Aquel que me envió.No tengo que preocuparme por lo que debo decir ni por lo que debo hacer,pues Aquel que me envió me guiará.Me siento satisfecho de estar dondequiera que Él desee,porque sé que Él estará allí conmigo.Sanaré a medida que le permita enseñarme a sanar.
VI. Miedo y conflicto
Tener miedo parece ser algo involuntario y no estar bajo tu control. Mas he dicho ya que sólo los actos constructivos deben ser involuntarios. Mi control puede hacerse cargo de todo lo que no es importante, mientras que, si así lo decides, mi asesoramiento puede dirigir todo lo que sí lo es. Yo no puedo controlar el miedo, pero éste puede ser auto-controlado. Tu miedo me impide darte mi control. La presencia del miedo indica que has elevado pensamientos corporales al nivel de la mente. Eso los pone fuera de mi control y te hace sentir personalmente responsable de ellos, Lo cual es una obvia confusión de niveles.
Yo no fomento la confusión de niveles; tú debes, no obstante, elegir corregirla. Tú no justificarías un comportamiento demente por tu parte diciendo que no pudiste evitarlo. ¿Por qué, entonces, condonas pensamientos dementes? Hay una confusión en esto que te convendría examinar detenidamente. Tal vez creas que eres responsable de lo que haces, pero no de lo que piensas. La verdad es que eres responsable de lo que piensas porque es solamente en ese nivel donde puedes ejercer tu poder de decisión. Tus acciones son el resultado de tus pensamientos. No puedes separarte de la verdad "otorgándole" autonomía al comportamiento. Éste lo controlo yo automáticamente tan pronto como pongas tu pensamiento bajo mi dirección. Siempre que tienes miedo es señal inequívoca de que le has permitido a tu mente crear falsamente y de que no me has permitido guiarla.
De nada sirve pensar que controlando los resultados de cualquier pensamiento falso se pueda producir una curación. Cada vez que tienes miedo es porque has tomado una decisión equivocada. Esa es la razón por la que te sientes responsable de ello. Tienes que cambiar de mentalidad, no de comportamiento, y eso es cuestión de que estés dispuesto a hacerlo. No necesitas orientación alguna excepto a nivel mental. La corrección debe llevarse a cabo únicamente en el nivel en que es posible el cambio. El cambio no tiene ningún sentido en el nivel de los síntomas donde no puede producir resultados.
Deshacer el miedo es tu responsabilidad. Cuando pides que se te libere del miedo, estás implicando que no lo es. En lugar de ello, deberías pedir ayuda para cambiar las condiciones que lo suscitaron. Esas condiciones siempre entrañan el estar dispuesto a permanecer separado. A ese nivel tú puedes evitarlo. Eres demasiado tolerante con las divagaciones de tu mente, y condonas pasivamente sus creaciones falsas. El resultado particular no importa; lo que importa es el error fundamental. La corrección es siempre la misma. Antes de decidir hacer algo, pregúntame si tu elección está de acuerdo con la mía. Si estás seguro de que lo está, no tendrás miedo.
El miedo es siempre un signo de tensión que surge cuando hay conflicto entre lo que deseas y lo que haces. Esta situación se presenta de dos maneras: Primera, puedes elegir hacer cosas conflictivas, ya sea simultánea o sucesivamente. Esto da lugar a un comportamiento conflictivo, lo cual te resulta intolerable porque la parte de la mente que quiere hacer otra cosa se enfurece.
Segunda, puedes comportarte de acuerdo a como crees que debes, mas sin querer hacerlo realmente. Esto da lugar a un comportamiento congruente, pero conlleva gran tensión. En ambos casos, la mente y el comportamiento están en desacuerdo, lo cual da lugar a una situación en la que estás haciendo algo que realmente no quieres hacer. Esto suscita una sensación de coerción que normalmente produce furia, y es muy probable que también dé lugar a proyecciones. Siempre que tienes miedo, es porque aún estas indeciso. Tu mente se encuentra, por lo tanto, dividida y tu comportamiento inevitablemente se vuelve errático. La corrección a nivel de comportamiento puede cambiar el error del primer tipo al segundo, mas no elimina el miedo.
Es posible alcanzar un estado en el que dejas que yo guíe tu mente sin ningún esfuerzo consciente por tu parte, más ello requiere un grado de buena voluntad que tú aún no posees. El Espíritu Santo no puede pedirte que hagas más de lo que estás dispuesto a hacer. La fuerza para hacer lo que Él te pide procede de una firme resolución por tu parte. Hacer la Voluntad de Dios no produce ninguna tensión una vez que reconoces que Su Voluntad es también la tuya. La lección en este caso es muy sencilla, aunque muy fácil de pasar por alto. Voy, por lo tanto, a repetirla, y te exhorto a que escuches atentamente. Sólo tu mente puede producir miedo. Hace eso cada vez que está en conflicto con respecto a lo que quiere, lo cual inevitablemente produce tensión, ya que existen discrepancias entre lo que quiere y lo que hace al respecto. Eso sólo puede corregirse aceptando un objetivo unificado.
El primer paso correctivo para deshacer el error es darse cuenta, antes que nada, de que todo conflicto es siempre una expresión de miedo. Dite a ti mismo que de alguna manera tienes que haber decidido no amar, ya que de otro modo el miedo no habría podido hacer presa en ti. A partir de ahí, todo el proceso correctivo se reduce a una serie de pasos pragmáticos dentro del proceso más amplio de aceptar que la Expiación es el remedio. Estos pasos pueden resumirse de la siguiente forma:
Reconoce en primer lugar que lo que estás experimentando es miedo.
El miedo procede de una falta de amor.
El único remedio para la falta de amor es el amor perfecto.
El amor perfecto es la Expiación.
He subrayado que el milagro -la expresión de la Expiación- es siempre un gesto de respeto del que es digno para con otro que también es digno. El reconocimiento de esa dignidad lo re- establece la Expiación. Resulta obvio, por lo tanto, que cuando tienes miedo, te has colocado a ti mismo en una posición en la que necesitas la Expiación. Has actuado sin amor, al haber elegido sin amor. Ésta es precisamente la situación para la que se instituyó la Expiación. La necesidad del remedio inspiró su establecimiento. Mientras te limites a reconocer únicamente la necesidad del remedio, seguirás teniendo miedo. Sin embargo, tan pronto como aceptes el remedio, habrás des-hecho el miedo. Así es como tiene lugar la verdadera curación.
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Un Curso de Milagros, con Nicté Flores, editado por luah.
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