Más allá de la percepción
He dicho que las capacidades que ahora posees no son sino sombras de tu verdadera fortaleza, y que la percepción, que es intrínsecamente enjuiciadora, comenzó sólo después de la separación. Desde entonces nadie ha estado seguro de nada. He dejado claro asimismo que la resurrección fue el medio para regresar al conocimiento, lo cual se logró mediante la unión de mi voluntad con la de mi Padre. Es oportuno ahora establecer una distinción que ha de clarificar algunos de los postulados que se presentarán más adelante.
Desde que se produjo la separación ha habido una gran confusión entre las palabras "crear" y "fabricar": Cuando fabricas algo, lo haces como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad. Nada que se haya hecho con un propósito específico tiene la capacidad de poder generalizarse. Cuando haces algo para remediar lo que percibes como una insuficiencia, estás afirmando tácitamente que crees en la separación. El ego ha inventado un gran número de sistemas de pensamiento ingeniosos con ese propósito. Mas ninguno de ellos es creativo. La inventiva, aun en su manifestación más ingeniosa, es un esfuerzo en vano. Su naturaleza sumamente específica apenas se compara con la creatividad abstracta de las creaciones de Dios. El conocimiento, como ya hemos observado, no conduce a la acción. Tu confusión entre tu verdadera creación y lo que has hecho de ti mismo es tan grande que se te ha hecho literalmente imposible saber nada. El conocimiento es siempre estable, y es evidente que tú no lo eres. Aun así, eres perfectamente estable tal como Dios te creó. En ese sentido, cuando tu comportamiento es inestable, estás en desacuerdo con la Idea que Dios tiene acerca de tu creación. Puedes hacer esto si así lo eliges, mas no querrías hacerlo si estuvieses en tu mente recta.
La pregunta fundamental que continuamente te haces no puedes propiamente dirigírtela a timismo. Continúas preguntándote qué es lo que eres, lo cual implica no sólo que sabes la respuesta, sino que es a ti a quien le corresponde proveerla. No obstante, es imposible que puedas percibirte a ti mismo correctamente. No tienes una imagen que puedas percibir. La palabra "imagen" está siempre vinculada a la percepción y no forma parte del conocimiento. Las imágenes son simbólicas y representan algo diferente de ellas mismas. La idea de "cambiar tu imagen" reconoce el poder de la percepción, pero implica también que no hay nada estable en ti que se pueda conocer.
El conocimiento no está sujeto a interpretaciones. Puedes tratar de "interpretar" el significado de algo, pero en eso siempre existe la posibilidad de equivocarse porque se refiere a la percepción Que se tiene del significado. Tales incongruencias son el resultado de tus intentos de considerarte a ti mismo separado y no-separado al mismo tiempo. Es imposible incurrir en una confusión tan fundamental sin aumentar aún más tu confusión general. Tu mente podrá haber llegado a ser muy ingeniosa, pero como siempre ocurre cuando el método y el contenido están en desacuerdo, la usas en un fútil intento de escaparte de un callejón sin salida. La ingeniosidad no tiene nada que ver con el conocimiento, pues el conocimiento no requiere ingeniosidad. El pensamiento ingenioso no es la verdad que te hará libre, pero te librarás de la necesidad de usarlo una vez que estés dispuesto a prescindir de él.
La oración es una forma de pedir algo. Es el vehículo de los milagros. Mas la única oración que
tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. Una vez que se
ha aceptado el perdón, la oración, en su sentido usual, deja de tener sentido. La oración del
perdón no es más que una petición para que puedas reconocer lo que ya posees. Cuando elegiste
la percepción en vez del conocimiento, te colocaste en una posición en la que sólo percibiendo
milagrosamente podías parecerte a tu Padre. Has perdido el conocimiento de que tú mismo eres
un milagro de Dios. La creación es tu Fuente y es también la única función que verdaderamente
tienes.
La afirmación "Dios creó al hombre a imagen y semejanza propia" necesita ser reinterpretada. "Imagen" puede entenderse como "pensamiento", y "semejanza" como "de una calidad semejante." Dios efectivamente creó al espíritu en Su Propio Pensamiento y de una calidad semejante a la Suya Propia. No hay nada más. La percepción, por otra parte, no puede tener lugar sin la creencia en "más" y en "menos". La percepción entraña selectividad a todo nivel. Es un proceso continuo de aceptación y rechazo, de organización y reorganización, de substitución y cambio. Evaluar es un aspecto esencial de la percepción, ya que para poder seleccionar es necesario juzgar.
¿Qué le ocurre a la percepción en ausencia de juicios, o de nada que no sea perfecta igualdad? Percibir se vuelve imposible. La verdad sólo se puede conocer. Toda ella es igualmente verdadera, y, conocer cualquier parte de ella es conocerla en su totalidad. Unicamente la percepción entraña una conciencia parcial. El conocimiento transciende las leyes que gobiernan la percepción porque un conocimiento parcial es imposible. El conocimiento es uno y no tiene partes separadas. Tú que eres realmente uno con él, sólo necesitas conocerte a ti mismo para que tu conocimiento sea total. Conocer el milagro de Dios es conocerlo a Él.
El perdón es lo que sana la percepción de la separación. Es necesario que percibas correctamente a tu hermano debido a que las mentes han elegido considerarse a sí mismas como entidades separadas. El espíritu tiene absoluto conocimiento de Dios. En eso radica su poder milagroso. El hecho de que cada uno de nosotros disponga de ese poder en su totalidad es una condición enteramente ajena al pensar del mundo. El mundo cree que si alguien lo tiene todo, no queda nada para los demás. Mas los milagros de Dios son tan totales como Sus Pensamientos porque son Sus Pensamientos.
Mientras continúe habiendo percepción, la oración será necesaria. Puesto que la percepción se basa en la escasez, los que perciben no han aceptado totalmente la Expiación ni se han entregado a la verdad. La percepción se basa en un estado de separación, así que todo aquel que de alguna manera percibe, tiene necesidad de curación. El estado natural de los que gozan de conocimiento es la comunión, no la oración. Dios y Su milagro son inseparables. ¡Cuán bellos son en verdad los Pensamientos de Dios que viven en Su Luz! Tu valía está más allá de la percepción porque está más allá de toda duda. No te percibas a ti mismo bajo ninguna otra luz. Conócete en la Única Luz en la que el milagro que eres se alza en perfecta claridad.
Los juicios y el problema de la autoridad
Hemos hablado ya del juicio Final, aunque no con gran detalle. Después del juicio Final no habrá ningún otro. Dicho juicio es simbólico porque más allá de la percepción no hay juicios. Cuando la Biblia dice "No juzguéis y no seréis juzgados" lo que quiere decir es que si juzgas la realidad de otros no podrás evitar juzgar la tuya propia.
La decisión de juzgar en vez de conocer es lo que nos hace perder la paz. Juzgar es el proceso en el que se basa la percepción, pero no el conocimiento. He hecho referencia a esto anteriormente al hablar de la naturaleza selectiva de la percepción, y he señalado que la evaluación es obviamente su requisito previo. Los juicios siempre entrañan rechazo. Nunca ponen de relieve solamente los aspectos positivos de lo que juzgan, ya sea en ti o en otros. Lo que se ha percibido y se ha rechazado, o lo que se ha juzgado y se ha determinado que es imperfecto permanece en tu mente porque ha sido percibido. Una de las ilusiones de las que adoleces es la creencia de que los juicios que emites no tienen ningún efecto. Esto no puede ser verdad a menos que también creas que aquello contra lo que has juzgado no existe. Obviamente no crees esto, pues, de lo contrario, no lo habrías juzgado. En última instancia, no importa si tus juicios son acertados o no, pues, en cualquier caso, estás depositando tu fe en lo irreal. Esto es inevitable, independientemente del tipo de juicio de que se trate, ya que juzgar implica que abrigas la creencia de que la realidad está a tu disposición para que puedas seleccionar de ella lo que mejor te parezca.
No tienes idea del tremendo alivio y de la profunda paz que resultan de estar con tus hermanos o contigo mismo sin emitir juicios de ninguna clase. Cuando reconozcas lo que eres y lo que tus hermanos son, te darás cuenta de que juzgarlos de cualquier forma que sea no tiene sentido. De hecho, pierdes el significado de lo que ellos son precisamente porque los juzgas. Toda incertidumbre procede de la creencia de que es imprescindible juzgar. No tienes que juzgar para organizar tu vida, y definitivamente no tienes que hacerlo para organizarte a ti mismo. En presencia del conocimiento todo juicio queda, automáticamente suspendido, y éste es el proceso que le permite al conocimiento reemplazar a la percepción.
Tienes miedo de todo aquello que has percibido y te has negado a aceptar. Crees que por haberte negado a aceptarlo has perdido control sobre ello. Por eso es por lo que lo ves en pesadillas, o disfrazado bajo apariencias agradables en lo que parecen ser tus sueños más felices. Nada que te hayas negado a aceptar puede ser llevado a la conciencia. De por sí, no es peligroso, pero tú has hecho que a ti te parezca que lo es.
Cuando te sientes cansado es porque te has juzgado a ti mismo como capaz de estar cansado. Cuando te ríes de alguien es porque has juzgado a esa persona como alguien que no vale nada. Cuando te ríes de ti mismo no puedes por menos que reírte de los demás, aunque sólo sea porque no puedes tolerar la idea de ser menos que ellos. Todo esto hace que te sientas cansado, ya que es algo básicamente descorazonador. No eres realmente capaz de estar cansado, pero eres muy capaz de agotarte a ti mismo. La fatiga que produce el juzgar continuamente es algo realmente intolerable. Es curioso que una habilidad tan debilitante goce de tanta popularidad. No obstante, si deseas ser el autor de la realidad, te empeñarás en aferrarte a los juicios. También les tendrás miedo, y creerás que algún día serán usados contra ti. Sin embargo, esta creencia sólo puede existir en la medida en que creas en la eficacia de los juicios como un arma para defender tu propia autoridad.
Dios ofrece únicamente misericordia. Tus palabras deben reflejar sólo misericordia porque
eso es lo que has recibido y eso es lo que deberías dar. La justicia es un expediente temporal, o
un intento de enseñarte el significado de la misericordia. Es juzgadora únicamente porque tú eres
capaz de cometer injusticias.
He hablado de distintos síntomas, y, a ese nivel, la variedad de los mismos es casi infinita. Todos ellos tienen, no obstante, una sola causa: el problema de la autoridad. Ésta es "la raíz de todo mal". Cada síntoma que el ego inventa es una contradicción debido a que la mente está dividida entre el ego y el Espíritu Santo, de tal modo que cualquier cosa que el ego haga es parcial y contradictoria. Esta posición insostenible es el resultado del problema de la autoridad que, al aceptar como premisa el único pensamiento inconcebible, sólo puede producir ideas que a su vez son inconcebibles.
El problema de la autoridad es en realidad una cuestión de autoría. Cuando tienes un problema de autoridad, es siempre porque crees ser tu propio autor y proyectas ese engaño sobre los demás. Percibes entonces la situación como una en que los demás están literalmente luchando contigo para arrebatarte tu autoría. Éste es el error fundamental de todos aquellos que creen haber usurpado el poder de Dios. Esta creencia les resulta aterradora, pero a Dios ni siquiera le inquieta. Él está deseoso, no obstante, por erradicarla, no como un castigo para Sus Hijos, sino tan sólo porque sabe que les produce infelicidad. Las creaciones de Dios disponen de la verdadera Autoría, mas tú prefieres permanecer anónimo cuando eliges separarte de tu Autor. Al no tener certeza con respecto a Quién es tu verdadero Autor, crees que tu creación fue anónima. Esto te pone en unA Situación en la que lo único que parece tener sentido es creer que tú te creaste a ti mismo. La disputa acerca de quién es tu autor ha dejado a tu mente en tal estado de incertidumbre que ésta puede incluso llegar a dudar de que tú realmente existas.
Sólo los que abandonan todo deseo de rechazar pueden saber que es imposible que ellos puedan ser rechazados. No has usurpado el poder de Dios, pero lo has perdido. Afortunadamente, perder algo no significa que haya desaparecido. Significa simplemente que no recuerdas dónde está. Su existencia no depende de que puedas identificarlo, o incluso localizarlo. Es posible contemplar la realidad sin juzgar y simplemente saber que está ahí.
La paz es el patrimonio natural del espíritu. Todo el mundo es libre de rechazar su herencia, pero no de establecer lo que ésta es. El problema que todos tienen que resolver es la cuestión fundamental de la autoría. Todo miedo procede en última instancia, y a veces por rutas muy tortuosas, de negar la verdadera Autoría. La ofensa no es nunca contra Dios, sino contra aquellos que lo niegan. Negar Su Autoría es negarte a ti mismo la razón de tu paz, de modo que sólo te puedes ver a ti mismo fragmentado. Esta extraña percepción es el problema de la autoridad.
No hay nadie que de una manera u otra no se sienta aprisionado. Si ése es el resultado de su libre albedrío, tiene, por ende, que considerar que su voluntad no es libre, o, de lo contrario, el razonamiento circular de esta premisa sería evidente. El libre albedrío no puede sino conducir a la libertad. Los juicios siempre aprisionan, ya que fragmentan la realidad con las inestables balanzas del deseo. Los deseos no son hechos. Desear implica que ejercer la voluntad no es suficiente. Sin embargo, nadie que esté en su mente recta podría creer que lo que desea es tan real como lo que su voluntad dispone. En vez de "Busca primero el Reino de los Cielos" di: "Que tu voluntad sea antes que nada alcanzar el Reino de los Cielos" y habrás dicho: "Sé lo que soy y acepto mi herencia”.
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Un Curso de Milagros, con Nicté Flores, editado por luah.
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