LECTURA 10a.

 El Guía a la salvación 

La manera de reconocer a tu hermano es reconociendo al Espíritu Santo en él. He dicho  ya que el Espíritu Santo es el puente para la transferencia de la percepción al conocimiento, de  modo que podemos usar los términos como si en verdad estuviesen relacionados, pues en Su  Mente lo están. Esta relación no puede por menos que estar en Su Mente porque, de no ser así,  la separación entre las dos formas de pensar no se podría subsanar. El Espíritu Santo forma  parte de la Santísima Trinidad porque Su Mente es parcialmente tuya y también parcialmente de  Dios. Esto necesita aclararse, no con palabras sino mediante la experiencia. 

El Espíritu Santo es la idea de la curación. AI ser un pensamiento, la idea se expande a  medida que se comparte. Al ser la Llamada a Dios, es asimismo la idea de Dios. Puesto que tú  formas parte de Dios, es también la idea de lo que tú eres, así como de lo que son todas Sus  creaciones. La idea del Espíritu Santo comparte la propiedad de otras ideas porque obedece las  leyes del Universo del que forma parte. Se refuerza al compartirse. Se expande en ti a medida  que se la ofreces a tu hermano. Tu hermano no tiene que ser consciente del Espíritu Santo en él  o en ti para que se produzca este milagro. Puede que él se haya desentendido de la Llamada a  Dios, tal como tú lo hiciste. Este desentendimiento se subsana en ambos a medida que tomas  conciencia de la Llamada a Dios en él, reconociendo de esta forma su existencia. 

Existen dos formas diametralmente opuestas de ver a tu hermano. Ambas tienen que  encontrarse en tu mente porque tú eres el perceptor. Tienen que encontrarse también en la  suya, puesto que lo estás percibiendo a él. Mira a tu hermano a través del Espíritu Santo en su  mente, y reconocerás al Espíritu Santo en la tuya. Lo que reconoces en tu hermano lo reconoces  en ti, y lo que compartes, lo refuerzas. 

La Voz del Espíritu Santo en ti es débil. Por eso es por lo que debes compartirla. Tiene que  hacerse más fuerte antes de que puedas oírla. Es imposible que la oigas dentro de ti mientras  siga siendo tan débil en tu mente. No es que de por sí sea débil, sino que está limitada por tu  renuencia a oírla. Si cometes el error de buscar al Espíritu Santo únicamente en ti, tus pensamientos te asustarán, ya que al adoptar el punto de vista del ego, estarás emprendiendo un viaje  que le es ajeno al ego utilizándolo a él de guía. Esto no puede sino producir miedo. Las demoras pertenecen al ámbito del ego porque el tiempo es un concepto suyo. En la  eternidad, tanto el tiempo como las demoras carecen de sentido. He dicho anteriormente que el  Espíritu Santo es la Respuesta de Dios al ego. Todo lo que el Espíritu Santo te recuerda está en  directa oposición a las nociones del ego, pues las percepciones verdaderas y las falsas se  oponen entre sí. La tarea del Espíritu Santo es deshacer lo que el ego ha hecho. Lo deshace en  el mismo nivel en que el ego opera, pues, de otro modo, la mente sería incapaz de comprender  el cambio.  

He subrayado repetidamente que uno de los niveles de la mente no es comprensible para el  otro. Lo mismo ocurre con el ego y el Espíritu Santo, con el tiempo y la eternidad. La eternidad  es una idea de Dios, por lo tanto, el Espíritu Santo la comprende perfectamente. El tiempo es  una creencia del ego, por lo tanto, la mente inferior -el dominio del ego- la acepta sin reservas.  El único aspecto del tiempo que es eterno es el ahora. 

El Espíritu Santo es el mediador entre las interpretaciones del ego y el conocimiento del  espíritu. Su capacidad para utilizar símbolos le permite actuar con las creencias del ego en el  propio lenguaje de éste. Su capacidad para mirar más allá de los símbolos hacia la eternidad le  permite entender las leyes de Dios, en nombre de las cuales habla. Puede, por consiguiente,  llevar a cabo la función de reinterpretar lo que el ego forja, no mediante la destrucción, sino  mediante el entendimiento. El entendimiento es luz, y la luz conduce al conocimiento. El Espíritu  Santo se encuentra en la luz porque Él está en ti que eres luz, pero tú desconoces esto. La tarea  del Espíritu Santo consiste, pues, en reinterpretarte a ti en nombre de Dios. 

Tú no puedes comprenderte a ti mismo separado de los demás. Ello se debe a que tú,  separado del legítimo lugar que ocupas en la Filiación, no significas nada, y el legítimo lugar de  la Filiación es Dios. Ésa es tu vida, tu eternidad y tu Ser. Esto es lo que el Espíritu Santo te  recuerda. Esto es lo que Él ve. Esta visión atemoriza al ego por ser tan serena. La paz es el  mayor enemigo del ego porque, de acuerdo con su interpretación de la realidad, la guerra es la  garantía de su propia supervivencia. El ego se hace más fuerte en la lucha. Si crees que hay  lucha, reaccionarás con saña porque la idea de peligro se habrá adentrado en tu mente. Dicha  idea es un llamamiento al ego. El Espíritu Santo está tan pendiente como el ego de cualquier señal de peligro, oponiéndose a éste con todas Sus fuerzas de la misma forma en que el ego le  da la bienvenida. El Espíritu Santo contrarresta esa acogida dándole la bienvenida a la paz. La  eternidad y la paz están tan estrechamente relacionadas como lo están el tiempo y la guerra. 

La percepción deriva significado de las relaciones. Aquellas que aceptas constituyen los  cimientos de tus creencias. La separación es simplemente otro término para referirse a una  mente dividida. El ego es el símbolo de la separación, tal como el Espíritu Santo es el símbolo  de la paz. Lo que percibes en otros lo refuerzas en ti. Puedes permitir que tu mente perciba  falsamente, pero el Espíritu Santo le permite reinterpretar sus propias percepciones falsas. 

El Espíritu Santo es el maestro perfecto. Se vale únicamente de lo que tu mente ya comprende  para enseñarte que tú no lo comprendes. El Espíritu Santo puede tratar con un alumno reacio  sin oponerse a su mente porque parte de ella está todavía de parte de Dios. A pesar de los  intentos del ego por ocultarla, esa parte es todavía mucho más poderosa que el ego, si bien éste  no la reconoce. El Espíritu Santo la reconoce perfectamente porque se trata de Su Propia  morada: el lugar de la mente donde Él se siente a gusto. Tú también te sientes a gusto ahí  porque es un lugar de paz, y la paz es de Dios. Tú, que formas parte de Dios, no te sientes a  gusto salvo en Su paz. Si la paz es eterna, sólo te puedes sentir a gusto en la eternidad. 

El ego construyó el mundo tal como lo percibe, pero el Espíritu Santo -el reintérprete de lo que  el ego construyó- ve el mundo como un recurso de enseñanza para llevarte a tu hogar. El Espíritu, Santo tiene que percibir el tiempo y re-interpretarlo como eterno. Tiene que llevar a cabo Su  labor mediante el uso de opuestos porque tiene que operar para una mente y con una mente que  está en oposición. Haz todas las correcciones que tengas que hacer, procura aprender y mantén  una actitud receptiva con respecto al aprendizaje. Tú no creaste la verdad, pero la verdad puede  todavía hacerte libre. Contempla todo tal como el Espíritu Santo lo contempla, y entiende todo  tal como Él lo entiende. Su entendimiento evoca a Dios en memoria mía. El Espíritu Santo está  siempre en comunión con Dios, y forma parte de ti. Él es tu Guía a la salvación porque recuerda  lo pasado y lo que ha de venir, y lo trae al presente. Él mantiene ese regocijo en tu mente con  gran ternura, y sólo te pide que lo incrementes compartiéndolo en Nombre de Dios de modo que  Su júbilo se incremente en ti. 

IV. Enseñanza y curación 

Lo que el miedo ha ocultado sigue siendo parte de ti. Unirse a la Expiación es la manera de  escapar del miedo. El Espíritu Santo te ayudará a reinterpretar todo lo que percibes como  temible, y te enseñará que sólo lo que es amoroso es cierto. La verdad está más allá de tu  capacidad para destruir; aceptarla, en cambio, está enteramente a tu alcance. Te pertenece  porque, al ser tú una extensión de Dios, la creaste junto con Él. Es tuya porque forma parte de ti,  tal como tú formas parte de Dios porque El te creó. Nada que sea bueno se puede perder, pues  procede del Espíritu Santo, la Voz que habla en favor de la creación. Nada que no sea bueno  fue creado jamás, y, por lo tanto, no puede ser protegido. La Expiación garantiza la seguridad  del Reino, y la unión de la Filiación lo protege. El ego no puede prevalecer contra el Reino  porque la Filiación está unida. En presencia de aquellos que oyen la exhortación del Espíritu  Santo a ser uno, el ego se desvanece y queda des-hecho. 

Lo que el ego forja se lo guarda para sí, y, por lo tanto, carece de fuerza. Su existencia no se  puede compartir. No muere, simplemente nunca nació. El nacimiento físico no es un comienzo,  es una continuación. Todo lo que continúa ha nacido ya. Aumentará a medida que estés cada  vez más dispuesto a devolverle a la parte superior de tu mente la parte que no está sana,  devolviéndole de este modo tu mente indivisa a la creación. Yo he venido a sentar las bases  para que tus propios pensamientos puedan hacerte verdaderamente libre. Has cargado con un  fardo de ideas que no se pueden compartir y que son demasiado endebles como para poder  expandirse. aMas una vez que las concebiste no supiste cómo erradicarlas. Tú no puedes  cancelar tus propios errores pasados por tu cuenta. No desaparecerán de tu mente sin la  Expiación, remedio éste que no es obra tuya. La Expiación debe entenderse exclusivamente  como un simple acto de compartir. Eso es lo que quise decir cuando afirmé que incluso en este  mundo es posible escuchar una sola Voz. Si formas parte de Dios y la Filiación es una, no  puedes estar limitado al ser que el ego ve. 

Cada pensamiento amoroso que cualquier parte de la Filiación abriga es patrimonio de todas  sus partes. Se puede compartir porque es amoroso. Dios crea compartiendo, y así es como tú creas también. El ego puede mantenerte exiliado del Reino, pero en el Reino en sí el ego no  tiene ningún poder. Las ideas del espíritu no abandonan la mente que las piensa, ni tampoco pue den entrar en conflicto entre sí. Las ideas del ego, en cambio, pueden entrar en conflicto porque  ocurren en diferentes niveles y también porque incluyen pensamientos que incluso en el mismo  nivel están en franca oposición. Es imposible compartir pensamientos que se oponen entre sí.  Sólo puedes compartir los pensamientos que proceden de Dios, los cuales Él conserva para ti. El  Reino de los Cielos se compone de pensamientos de esa clase. Todos los demás permanecerán  contigo hasta que el Espíritu Santo los haya reinterpretado a la luz del Reino, haciendo que sean  también dignos de ser compartidos. Cuando se hayan purificado lo suficiente Él te permitirá  compartirlos. La decisión de compartirlos es lo que los purifica. 

Yo oí una sola Voz porque comprendí que era imposible que pudiese expiar únicamente para mí  mismo. Escuchar una sola Voz implica que has decidido compartirla para así poderla oír tú mismo.  La Mente que estaba en mí se siente todavía irresistiblemente atraída hacia todas las mentes  creadas por Dios, porque la Plenitud de Dios es la plenitud de Su Hijo. Nada puede hacerte daño,  y no debes mostrarle a tu hermano nada que no sea tu plenitud. Muéstrale que él no puede  hacerte daño y que no le guardas rencor, pues, de lo contrario, te estarás guardando rencor a ti  mismo. Ese es el significado de: "Ofrécele también la otra mejilla". 

Se puede enseñar de muchas maneras, pero ante todo con el ejemplo. Enseñar debe ser  curativo, ya que consiste en compartir ideas y en el reconocimiento de que compartir ideas es  reforzarlas. No puedo olvidar la necesidad que tengo de enseñar lo que he aprendido, la cual  surgió en mí precisamente por haberlo aprendido. Te exhorto a que enseñes lo que has aprendido  porque al hacerlo podrás contar con ello. Haz que sea algo con lo que puedes contar en mi  nombre porque mi nombre es el Nombre del Hijo de Dios. Lo que aprendí te lo doy libremente, y la  Mente que estaba en mí se regocija cuando eliges escucharla. 

El Espíritu Santo expía en todos nosotros des-haciendo y de esta manera te libera de la carga  que le has impuesto a tu mente. Al seguir al Espíritu Santo se te conduce de regreso a Dios, que  es donde te corresponde estar. Mas ¿cómo podrías encontrar el camino que conduce a Él sino  llevando a tu hermano contigo? Mi papel en la Expiación no concluirá hasta que no te unas a ella y  se la ofrezcas a otros. Lo que enseñes es lo que aprenderás. Nunca te dejaré desamparado ni te  abandonaré porque hacer eso sería abandonarme a mí mismo y abandonar a Dios que me creó.  Abandonas a Dios y te abandonas a ti mismo cuando abandonas a cualquiera de tus hermanos.  Tienes que aprender a verlos tal como son, y entender que le pertenecen a Dios al igual que tú.  ¿De qué mejor manera puedes tratar a tu hermano que dándole a Dios lo que es de Dios? 

La Expiación te confiere el poder de una mente que ha sanado, pero el poder de crear es de Dios.  Por lo tanto, aquellos que han sido perdonados deben dedicarse en primer lugar a curar, pues al  haber aceptado la idea de la curación, deben compartirla para así conservarla. El poder de la  creación en su totalidad no se puede expresar si una sola de las ideas de Dios se encuentra  excluida del Reino. La voluntad conjunta de la Filiación es el único creador que puede crear como  el Padre, ya que sólo lo que es íntegro puede pensar íntegramente, y al pensamiento de Dios no le falta nada. Cualquier pensamiento que tengas que no sea a través del Espíritu Santo no es  íntegro. 

¿Cómo es posible que tú que eres tan santo puedas sufrir? Todo tu pasado, excepto su belleza,  ha desaparecido, y no queda ni rastro de él, salvo una bendición. He salvaguardado todas tus  bondades y cada pensamiento amoroso que jamás hayas abrigado. Los he purificado de los  errores que ocultaban su luz, y los he conservado para ti en su perfecta luminiscencia. Se encuen tran más allá de la destrucción y de la culpabilidad. Procedieron del Espíritu Santo en ti, y  sabemos que lo que Dios crea es eterno. Puedes ciertamente partir en paz porque te he amado  como me amé a mí mismo. Mi bendición va contigo para que la extiendas. Consérvala y  compártela, para que sea siempre nuestra. Pongo la paz de Dios en tus manos y en tu corazón  para que la conserves y la compartas. El corazón la puede conservar debido a su pureza y las  manos la pueden ofrecer debido a su fuerza. No podemos perder. Mi juicio es tan poderoso  como la sabiduría de Dios, en Cuyo Corazón y Manos radica nuestra existencia. Sus sosegadas  criaturas son Sus Hijos benditos. Los Pensamientos de Dios están contigo. 

_______________________________________________________________________________ Un Curso de Milagros, con Nicté Flores, pdf editado por luah.

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