IV. La curación y la liberación del miedo
Vamos a hacer ahora hincapié en la curación. El milagro es el medio, la Expiación el principio y la curación el resultado. Hablar de "una curación milagrosa" es combinar impropiamente dos órdenes de realidad diferentes. Una curación no es un milagro. La Expiación -el último milagro- es un remedio, y cualquier clase de curación es su resultado. Es irrelevante a qué clase de error se aplique la Expiación. Toda curación es esencialmente una liberación del miedo. Para poder llevarla a cabo, tú mismo debes estar libre de todo miedo. No entiendes lo que es la curación debido a tu propio miedo.
Un paso importante en el plan de la Expiación es deshacer el error en todos los niveles. La enfermedad o "mentalidad-no-recta" es el resultado de una confusión de niveles, pues siempre comporta la creencia de que lo que está mal en un nivel puede afectar adversamente a otro. Nos hemos referido a los milagros como un medio de corregir la confusión de niveles, ya que todos los errores tienen que corregirse en el mismo nivel en que se originaron. Sólo la mente puede errar. El cuerpo sólo puede actuar equivocadamente cuando está respondiendo a un pensamiento falso. El cuerpo no puede crear y la creencia de que puede -error básico- da lugar a todos los síntomas físicos. Las enfermedades físicas implican la creencia en la magia. La distorsión que dio lugar a la magia se basa en la creencia de que existe una capacidad creativa en la materia que la mente no puede controlar. Este error puede manifestarse de dos formas: se puede creer que la mente puede crear falsamente en el cuerpo, o que el cuerpo puede crear falsamente en la mente. Cuando se comprende que la mente -el único nivel de creación- no puede crear más allá de sí misma, ninguno de esos dos tipos de confusión tiene por qué producirse.
Sólo la mente puede crear porque el espíritu ya fue creado, y el cuerpo es un recurso de aprendizaje al servicio de la mente. Los recursos de aprendizaje no son lecciones en sí mismos. Su propósito es simplemente facilitar el aprendizaje. Lo peor que puede ocurrir cuando se usan indebidamente es que no lo faciliten. De por sí, un recurso de aprendizaje no tiene poder para producir verdaderos errores en el aprendizaje. El cuerpo; si se le entiende correctamente, comparte la invulnerabilidad de la Expiación en lo que respecta a las defensas de doble filo. Ello es así no porque sea un milagro, sino porque, de por sí, no da lugar a interpretaciones falsas. El cuerpo es sencillamente parte de tu experiencia en el mundo físico. Se puede exagerar el valor de sus capacidades y con frecuencia se hace. Sin embargo, es casi imposible negar su existencia en este mundo. Los que lo hacen se dedican a una forma de negación particularmente inútil. En este caso el término "inútil" significa únicamente que no es necesario proteger a la mente negando lo no-mental. Si uno niega este desafortunado aspecto del poder de la mente, está negando también el poder mismo.
Todos los remedios materiales que aceptas como medicamento para los males corporales son re afirmaciones de principios mágicos. Éste es el primer paso que nos conduce a la creencia de que el cuerpo es el causante de sus propias enfermedades. El segundo paso en falso es tratar de curarlo por medio de agentes no-creativos. Esto no quiere decir, sin embargo, que el uso de tales gentes con propósitos correctivos sea censurable. A veces la enfermedad tiene tan aprisionada a la mente que temporalmente le impide a la persona tener acceso a la Expiación. En ese caso, tal vez sea prudente usar un enfoque conciliatorio entre el cuerpo y la mente en el que a algo externo se le adjudica temporalmente la creencia de que puede curar. Esto se debe a que lo que menos
puede ayudar al que no está en su mente recta o al enfermo es hacer algo que aumente su miedo.
De por sí ya se encuentra en un estado debilitado debido a éste. Exponerle prematuramente a un milagro podría precipitarle al pánico, lo cual es muy probable que ocurriese en aquellos casos en que la percepción invertida ha dado lugar a la creencia de que los milagros son algo temible.
El valor de la Expiación no reside en la manera en que ésta se expresa. De hecho, si se usa acertadamente, será expresada inevitablemente en la forma que le resulte más beneficiosa a aquel que la va a recibir. Esto quiere decir que para que un milagro sea lo más eficaz posible, tiene que ser expresado en un idioma que el que lo ha de recibir pueda entender sin miedo. Eso no significa que ése sea necesariamente el más alto nivel de comunicación de que dicha persona es capaz. Significa, no obstante, que ése es el más alto nivel de comunicación de que es capaz ahora. El propósito del milagro es elevar el nivel de comunicación, no reducirlo mediante un aumento del miedo.
V. La función del obrador de milagros
Antes de que los obradores de milagros estén listos para emprender su función en este mundo, es esencial que comprendan cabalmente el miedo que se le tiene a la liberación. De lo contrario,
podrían fomentar inadvertidamente la creencia de que la liberación significa aprisionamiento, creencia que, de por sí, ya es muy prevaleciente. Esta percepción errónea procede a su vez de la creencia de que el daño puede limitarse sólo al cuerpo. Ello se debe al miedo subyacente de que la mente puede hacerse daño a sí misma. Ninguno de esos errores es significativo, ya que las creaciones falsas de la mente en realidad no existen. Este reconocimiento es un recurso protector mucho más eficaz que cualquier forma de confusión de niveles porque introduce la corrección al nivel del error. Es esencial recordar que sólo la mente puede crear, y que la corrección sólo puede tener lugar en el nivel del pensamiento. Para ampliar algo que ya se mencionó anteriormente, el espíritu ya es perfecto, y, por lo tanto, no requiere corrección. El cuerpo no existe, excepto como un recurso de aprendizaje al servicio de la mente. Este recurso de aprendizaje, de por sí, no comete errores porque no puede crear. Es obvio, pues, que inducir a la mente a que renuncie a sus creaciones falsas es la única aplicación de la capacidad creativa que realmente tiene sentido.
La magia es el uso insensato o mal-creativo de la mente. Los medicamentos físicos son una forma de "hechizo”; pero si tienes miedo de usar la mente para curar, no debes intentar hacerlo. El hecho mismo de que tengas miedo hace que tu mente sea vulnerable a crear falsamente. Es probable, por lo tanto, que no entiendas correctamente cualquier curación que pudiera producirse, y puesto que el egocentrismo va normalmente acompañado de miedo, tal vez no puedas aceptar la verdadera Fuente de la curación. En tal caso, es menos arriesgado depender temporalmente de artificios curativos físicos, ya que no puedes percibirlos erróneamente como tus propias creaciones. Mientras tu sensación de vulnerabilidad persista, no debes intentar obrar milagros.
He dicho ya que los milagros son expresiones de una orientación milagrosa, y una orientación milagrosa no es otra cosa que una mentalidad recta. Los que poseen una mentalidad recta no exaltan ni menosprecian la mente del que obra milagros ni la del que los recibe. En cuanto que medio de corrección, sin embargo, el milagro no tiene que esperar a que el que los ha de recibir goce de una mentalidad recta. De hecho, su propósito es restituirle su mente recta. Es esencial, no obstante, que el obrador de milagros esté en su mente recta, aunque sea brevemente, o, de lo contrario, será incapaz de re-establecer la mentalidad recta en otros.
El sanador que confía en su propio estado de preparación pone en peligro su entendimiento. Estás perfectamente a salvo siempre que no te preocupes en absoluto por tu estado de preparación, pero mantengas firme confianza en el mío. Si tus inclinaciones a obrar milagros no está funcionando debidamente, es siempre porque el miedo se ha infiltrado en tu mentalidad recta y la ha invertido. Toda forma de mentalidad-no-recta es el resultado de negarte a aceptar la Expiación para ti mismo. Si la aceptases estarías en una posición desde la que podrías reconocer que los que tienen necesidad de curación son simplemente aquellos que aún no se han dado cuenta de que la mentalidad recta es en sí la curación.
La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo. Esto significa que reconoces que la mente es el único nivel creativo, y que la Expiación puede sanar sus errores. Una vez que hayas aceptado esto, tu mente podrá solamente sanar. Al negarle a tu mente cualquier potencial destructivo y restituir de nuevo sus poderes estrictamente constructivos, te colocas en una posición desde la que puedes eliminar la confusión de niveles en otros. El mensaje que entonces les comunicas es el hecho irrefutable de que sus mentes son igualmente constructivas y de que sus creaciones falsas no pueden hacerles daño. Al afirmar esto liberas a la mente de la tendencia a exagerar el valor de su propio recurso de aprendizaje, y la restituyes a su verdadero papel de estudiante.
Debe subrayarse nuevamente que al cuerpo le resulta tan imposible aprender como crear. En cuanto que recurso de aprendizaje se deja llevar simplemente por el estudiante, mas si se le dota falsamente de iniciativa propia, se convierte en una seria obstrucción para el mismo aprendizaje que debería facilitar. Sólo la mente es capaz de iluminación. El espíritu ya está iluminado, y el cuerpo, de por sí, es demasiado denso. La mente, sin embargo, puede hacer llegar su iluminación hasta el cuerpo al reconocer que éste no es el estudiante y que, por lo tanto, no tiene la capacidad de aprender. Es muy fácil, no obstante, poner al cuerpo en armonía con la mente una vez que ésta ha aprendido a mirar más allá de él hacia la luz.
El aprendizaje que verdaderamente corrige comienza siempre con el despertar del espíritu y con el rechazo de la fe en la visión física. Esto frecuentemente entraña temor, ya que tienes miedo de lo que tu visión espiritual te mostraría. Anteriormente dije que el Espíritu Santo no puede ver errores, y que sólo puede mirar más allá de ellos hacia la defensa de la Expiación. No cabe duda de que esto puede producir incomodidad, mas la incomodidad no es el resultado final de la percepción. Cuando se le permite al Espíritu Santo contemplar la profanación del altar, Él mira de inmediato también hacia la Expiación. Nada que Él perciba puede producir miedo. Todo lo que resulta de la conciencia espiritual simplemente se canaliza hacia la corrección. La incomodidad se manifiesta únicamente para traer a la conciencia la necesidad de corrección.
El miedo a la curación surge, en última instancia, de no estar uno completamente dispuesto a aceptar que la curación es necesaria. Lo que el ojo físico ve no es correctivo, ni tampoco es posible corregir el error mediante ningún medio físicamente visible. Mientras creas en lo que tu visión física te muestra, tus intentos de corregir procederán de un falso asesoramiento. La verdadera visión queda nublada porque te resulta intolerable ver tu propio altar profanado. Mas como el altar
ha sido profanado, tu estado se torna doblemente peligroso a menos que percibas que así ha sido.
Curar es una habilidad que se desarrolló después de la separación, antes de la cual era innecesaria. Es temporal al igual que todos los aspectos de la creencia en el tiempo y en el espacio. Mientras el tiempo continúe, no obstante, la curación seguirá siendo necesaria como medio de protección. Esto se debe a que la curación se basa en la caridad, y la caridad es una forma de percibir la perfección en otro aun cuando no puedas percibirla en ti mismo. La mayoría de los conceptos más elevados que ahora eres capaz de concebir dependen del tiempo. La caridad, en realidad, no es más que un pálido reflejo de un amor mucho más poderoso y todo-abarcador, el cual está mucho más allá de cualquier forma de caridad que te hayas podido imaginar hasta ahora. La caridad es esencial para la mentalidad recta aun en la pequeña medida en que ahora puedas alcanzarla.
Vamos a hacer ahora hincapié en la curación. El milagro es el medio, la Expiación el principio y la curación el resultado. Hablar de "una curación milagrosa" es combinar impropiamente dos órdenes de realidad diferentes. Una curación no es un milagro. La Expiación -el último milagro- es un remedio, y cualquier clase de curación es su resultado. Es irrelevante a qué clase de error se aplique la Expiación. Toda curación es esencialmente una liberación del miedo. Para poder llevarla a cabo, tú mismo debes estar libre de todo miedo. No entiendes lo que es la curación debido a tu propio miedo.
Un paso importante en el plan de la Expiación es deshacer el error en todos los niveles. La enfermedad o "mentalidad-no-recta" es el resultado de una confusión de niveles, pues siempre comporta la creencia de que lo que está mal en un nivel puede afectar adversamente a otro. Nos hemos referido a los milagros como un medio de corregir la confusión de niveles, ya que todos los errores tienen que corregirse en el mismo nivel en que se originaron. Sólo la mente puede errar. El cuerpo sólo puede actuar equivocadamente cuando está respondiendo a un pensamiento falso. El cuerpo no puede crear y la creencia de que puede -error básico- da lugar a todos los síntomas físicos. Las enfermedades físicas implican la creencia en la magia. La distorsión que dio lugar a la magia se basa en la creencia de que existe una capacidad creativa en la materia que la mente no puede controlar. Este error puede manifestarse de dos formas: se puede creer que la mente puede crear falsamente en el cuerpo, o que el cuerpo puede crear falsamente en la mente. Cuando se comprende que la mente -el único nivel de creación- no puede crear más allá de sí misma, ninguno de esos dos tipos de confusión tiene por qué producirse.
Sólo la mente puede crear porque el espíritu ya fue creado, y el cuerpo es un recurso de aprendizaje al servicio de la mente. Los recursos de aprendizaje no son lecciones en sí mismos. Su propósito es simplemente facilitar el aprendizaje. Lo peor que puede ocurrir cuando se usan indebidamente es que no lo faciliten. De por sí, un recurso de aprendizaje no tiene poder para producir verdaderos errores en el aprendizaje. El cuerpo; si se le entiende correctamente, comparte la invulnerabilidad de la Expiación en lo que respecta a las defensas de doble filo. Ello es así no porque sea un milagro, sino porque, de por sí, no da lugar a interpretaciones falsas. El cuerpo es sencillamente parte de tu experiencia en el mundo físico. Se puede exagerar el valor de sus capacidades y con frecuencia se hace. Sin embargo, es casi imposible negar su existencia en este mundo. Los que lo hacen se dedican a una forma de negación particularmente inútil. En este caso el término "inútil" significa únicamente que no es necesario proteger a la mente negando lo no-mental. Si uno niega este desafortunado aspecto del poder de la mente, está negando también el poder mismo.
Todos los remedios materiales que aceptas como medicamento para los males corporales son re afirmaciones de principios mágicos. Éste es el primer paso que nos conduce a la creencia de que el cuerpo es el causante de sus propias enfermedades. El segundo paso en falso es tratar de curarlo por medio de agentes no-creativos. Esto no quiere decir, sin embargo, que el uso de tales gentes con propósitos correctivos sea censurable. A veces la enfermedad tiene tan aprisionada a la mente que temporalmente le impide a la persona tener acceso a la Expiación. En ese caso, tal vez sea prudente usar un enfoque conciliatorio entre el cuerpo y la mente en el que a algo externo se le adjudica temporalmente la creencia de que puede curar. Esto se debe a que lo que menos
puede ayudar al que no está en su mente recta o al enfermo es hacer algo que aumente su miedo.
De por sí ya se encuentra en un estado debilitado debido a éste. Exponerle prematuramente a un milagro podría precipitarle al pánico, lo cual es muy probable que ocurriese en aquellos casos en que la percepción invertida ha dado lugar a la creencia de que los milagros son algo temible.
El valor de la Expiación no reside en la manera en que ésta se expresa. De hecho, si se usa acertadamente, será expresada inevitablemente en la forma que le resulte más beneficiosa a aquel que la va a recibir. Esto quiere decir que para que un milagro sea lo más eficaz posible, tiene que ser expresado en un idioma que el que lo ha de recibir pueda entender sin miedo. Eso no significa que ése sea necesariamente el más alto nivel de comunicación de que dicha persona es capaz. Significa, no obstante, que ése es el más alto nivel de comunicación de que es capaz ahora. El propósito del milagro es elevar el nivel de comunicación, no reducirlo mediante un aumento del miedo.
V. La función del obrador de milagros
Antes de que los obradores de milagros estén listos para emprender su función en este mundo, es esencial que comprendan cabalmente el miedo que se le tiene a la liberación. De lo contrario,
podrían fomentar inadvertidamente la creencia de que la liberación significa aprisionamiento, creencia que, de por sí, ya es muy prevaleciente. Esta percepción errónea procede a su vez de la creencia de que el daño puede limitarse sólo al cuerpo. Ello se debe al miedo subyacente de que la mente puede hacerse daño a sí misma. Ninguno de esos errores es significativo, ya que las creaciones falsas de la mente en realidad no existen. Este reconocimiento es un recurso protector mucho más eficaz que cualquier forma de confusión de niveles porque introduce la corrección al nivel del error. Es esencial recordar que sólo la mente puede crear, y que la corrección sólo puede tener lugar en el nivel del pensamiento. Para ampliar algo que ya se mencionó anteriormente, el espíritu ya es perfecto, y, por lo tanto, no requiere corrección. El cuerpo no existe, excepto como un recurso de aprendizaje al servicio de la mente. Este recurso de aprendizaje, de por sí, no comete errores porque no puede crear. Es obvio, pues, que inducir a la mente a que renuncie a sus creaciones falsas es la única aplicación de la capacidad creativa que realmente tiene sentido.
La magia es el uso insensato o mal-creativo de la mente. Los medicamentos físicos son una forma de "hechizo”; pero si tienes miedo de usar la mente para curar, no debes intentar hacerlo. El hecho mismo de que tengas miedo hace que tu mente sea vulnerable a crear falsamente. Es probable, por lo tanto, que no entiendas correctamente cualquier curación que pudiera producirse, y puesto que el egocentrismo va normalmente acompañado de miedo, tal vez no puedas aceptar la verdadera Fuente de la curación. En tal caso, es menos arriesgado depender temporalmente de artificios curativos físicos, ya que no puedes percibirlos erróneamente como tus propias creaciones. Mientras tu sensación de vulnerabilidad persista, no debes intentar obrar milagros.
He dicho ya que los milagros son expresiones de una orientación milagrosa, y una orientación milagrosa no es otra cosa que una mentalidad recta. Los que poseen una mentalidad recta no exaltan ni menosprecian la mente del que obra milagros ni la del que los recibe. En cuanto que medio de corrección, sin embargo, el milagro no tiene que esperar a que el que los ha de recibir goce de una mentalidad recta. De hecho, su propósito es restituirle su mente recta. Es esencial, no obstante, que el obrador de milagros esté en su mente recta, aunque sea brevemente, o, de lo contrario, será incapaz de re-establecer la mentalidad recta en otros.
El sanador que confía en su propio estado de preparación pone en peligro su entendimiento. Estás perfectamente a salvo siempre que no te preocupes en absoluto por tu estado de preparación, pero mantengas firme confianza en el mío. Si tus inclinaciones a obrar milagros no está funcionando debidamente, es siempre porque el miedo se ha infiltrado en tu mentalidad recta y la ha invertido. Toda forma de mentalidad-no-recta es el resultado de negarte a aceptar la Expiación para ti mismo. Si la aceptases estarías en una posición desde la que podrías reconocer que los que tienen necesidad de curación son simplemente aquellos que aún no se han dado cuenta de que la mentalidad recta es en sí la curación.
La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo. Esto significa que reconoces que la mente es el único nivel creativo, y que la Expiación puede sanar sus errores. Una vez que hayas aceptado esto, tu mente podrá solamente sanar. Al negarle a tu mente cualquier potencial destructivo y restituir de nuevo sus poderes estrictamente constructivos, te colocas en una posición desde la que puedes eliminar la confusión de niveles en otros. El mensaje que entonces les comunicas es el hecho irrefutable de que sus mentes son igualmente constructivas y de que sus creaciones falsas no pueden hacerles daño. Al afirmar esto liberas a la mente de la tendencia a exagerar el valor de su propio recurso de aprendizaje, y la restituyes a su verdadero papel de estudiante.
Debe subrayarse nuevamente que al cuerpo le resulta tan imposible aprender como crear. En cuanto que recurso de aprendizaje se deja llevar simplemente por el estudiante, mas si se le dota falsamente de iniciativa propia, se convierte en una seria obstrucción para el mismo aprendizaje que debería facilitar. Sólo la mente es capaz de iluminación. El espíritu ya está iluminado, y el cuerpo, de por sí, es demasiado denso. La mente, sin embargo, puede hacer llegar su iluminación hasta el cuerpo al reconocer que éste no es el estudiante y que, por lo tanto, no tiene la capacidad de aprender. Es muy fácil, no obstante, poner al cuerpo en armonía con la mente una vez que ésta ha aprendido a mirar más allá de él hacia la luz.
El aprendizaje que verdaderamente corrige comienza siempre con el despertar del espíritu y con el rechazo de la fe en la visión física. Esto frecuentemente entraña temor, ya que tienes miedo de lo que tu visión espiritual te mostraría. Anteriormente dije que el Espíritu Santo no puede ver errores, y que sólo puede mirar más allá de ellos hacia la defensa de la Expiación. No cabe duda de que esto puede producir incomodidad, mas la incomodidad no es el resultado final de la percepción. Cuando se le permite al Espíritu Santo contemplar la profanación del altar, Él mira de inmediato también hacia la Expiación. Nada que Él perciba puede producir miedo. Todo lo que resulta de la conciencia espiritual simplemente se canaliza hacia la corrección. La incomodidad se manifiesta únicamente para traer a la conciencia la necesidad de corrección.
El miedo a la curación surge, en última instancia, de no estar uno completamente dispuesto a aceptar que la curación es necesaria. Lo que el ojo físico ve no es correctivo, ni tampoco es posible corregir el error mediante ningún medio físicamente visible. Mientras creas en lo que tu visión física te muestra, tus intentos de corregir procederán de un falso asesoramiento. La verdadera visión queda nublada porque te resulta intolerable ver tu propio altar profanado. Mas como el altar
ha sido profanado, tu estado se torna doblemente peligroso a menos que percibas que así ha sido.
Curar es una habilidad que se desarrolló después de la separación, antes de la cual era innecesaria. Es temporal al igual que todos los aspectos de la creencia en el tiempo y en el espacio. Mientras el tiempo continúe, no obstante, la curación seguirá siendo necesaria como medio de protección. Esto se debe a que la curación se basa en la caridad, y la caridad es una forma de percibir la perfección en otro aun cuando no puedas percibirla en ti mismo. La mayoría de los conceptos más elevados que ahora eres capaz de concebir dependen del tiempo. La caridad, en realidad, no es más que un pálido reflejo de un amor mucho más poderoso y todo-abarcador, el cual está mucho más allá de cualquier forma de caridad que te hayas podido imaginar hasta ahora. La caridad es esencial para la mentalidad recta aun en la pequeña medida en que ahora puedas alcanzarla.
La caridad es una manera de ver a otro como si ya hubiese llegado mucho más allá de lo que en realidad ha logrado en el tiempo hasta ahora. Puesto que su pensamiento tiene fallos, no puede ver que la Expiación es para él, pues, de otro modo, no tendría necesidad de caridad. La caridad que se le concede es a la vez una confirmación de que necesita ayuda, así como el reconocimiento de que la aceptará. Estas dos percepciones denotan claramente su dependencia del tiempo, haciendo patente el hecho de que la caridad opera todavía dentro de las limitaciones de este mundo. Dije anteriormente que sólo la revelación transciende el tiempo. El milagro, al ser una expresión de caridad, tan sólo puede acortarlo. Hay que entender, no obstante, que cuando le ofreces un milagro a otro estás acortando su sufrimiento y el tuyo. Esto corrige tanto retroactivamente como progresivamente.
___________________________________________________________________________________
Un Curso de Milagros, con Nicté Flores, editado por luah.
No hay comentarios:
Publicar un comentario